"Le advierto que llevo prisa, pero dejaré que lea la palma de mi mano con la condición de que después me permita leer la suya", le dije cortésmente a la gitana. Fiel al pacto que acordamos, aún conservo su mano en la nevera en espera de una lectura consagrada, profunda.
Este micro tiene la distinción de haber sido publicado
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La gitana leía la mano y le temblaron los dedos (por última vez) cuando la leyó.;)
ResponderEliminarExcelente, Miguel. Contundente micro.
Abrazo va
San Montelpare.
Hola San!
EliminarSobre aviso no hay engaño, le dije que tenía prisa y así fue. Además, me permitió leerle la mano, pero jamás le dije cuando lo haría y yo soy hombre de palabra.
Un beso grande y gracias por la visita!
Hay ocasiones en que uno presta lecturas y no se las devuelven nunca.
ResponderEliminarUn saludo, Miguel.
Juan M
Hola Juan Manuel!
ResponderEliminarTienes mucha razón, lo malo es que tenía prisa, de otra manera ahí mismo se la hubiera leído jajajajaja.
Gracias por pasar, un fuerte abrazo.
Estupendo microrelato como siempre,espero que no tardes mucho en devolverle la mano a la gitana...me encanta ese humór negro que tienes.
ResponderEliminarun saludo
¡Hola Berta!
ResponderEliminarUn gusto enorme tenerte de visita.
Te prometo no tardar mucho en devolverle la mano a la pobre mujer, imagino estará ansiosa por saber el resultado de la lectura.
Agradezco tus comentarios y aprovecho para enviarte un abrazo bien fuerte.
jajaj, tremendo puñetazo directo al estómago este relato. Me ha gustado me gustan esos giros finales de gancho a la mandíbula.
ResponderEliminarPero espero que vigile su espalda este ser manostijeras.
Abrazos
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La gitana no entendió que llevaba prisa y mira que se lo advertí. Ya pronto terminaré con la lectura, por culpa del hielo la mano está un poco arrugada, pero se lee bien, jajajaja.
ResponderEliminarGracias por pasar y comentar Montesinos, abrazos!